- Contéstame a algo, ¿de qué tienes tanto miedo?
- De algo incontrolable, de algo que un día me pertenece y al siguiente ya no, de algo irrefrenable, vergonzoso, estúpido, jodidamente complicado... Tengo miedo de mí misma.
- (...)
- Venga, ríete. En este momento lo que menos me importa es cómo reacciones ante mis confesiones más íntimas. No tengas miedo, ríete, llora, pégame si es lo que te apetece. Pero no te calles mirándome con esa cara de imbécil. No me ignores; eso no lo permitiré.
- No me río, no veo por qué debería llorar o pegarte... Simplemente, no sé qué decir. (...) ¿Por qué te tienes miedo?
- Por mi tendencia a la autodestrucción. Mi cobardía. Mi obsesión por juzgarme injustamente. Mi estupidez en general, y también en particular. Mi extrema sensibilidad. Mi falta de autoestima.
- ¿Tiendes a autodestruirte?
- Sí. En realidad las razones que te he dado antes y todas las demás, que ahora no se quieren dar a conocer, se pueden resumir en eso: la tendencia a la autodestrucción. Todo el mundo comete errores, todo el mundo tiene defectos, y lo peor de todo es que en otras personas pueden llegar a parecerme adorables. Sin embargo, escupo sobre mis errores, mis defectos y sobre mí misma. Y son demasiadas cosas de las que arrepentirse, demasiadas cagadas, demasiadas imperfecciones en una persona tan pequeña y cobarde.
- ¿Y por qué eres tan dura contigo misma? Debes aprender a quererte más, y a comprender que tú también tienes derecho a equivocarte. Mira a tu alrededor. El mundo está lleno de hijos de puta que creen que todo lo que tocan se convierte en oro, que todo lo que dicen bien podría recopilarse y convertirse en un best-seller, gente que cuando comete un error se niegan a reconocerlo y, sin embargo, cuando los que están a su alrededor fallan en lo más mínimo les castigan sin piedad.
- Sí, sí, ya. No me vuelvas a repetir esa mierda porque me cabreo. He dicho que soy estúpida, no que sea tontadelbote. Y hay una gran diferencia aunque haya gente que no sepa reconocerla. Ya sé cómo es la gente, ya sé que el rollo de quererse más es super-constructivo-exótico-culto-y-demás-gilipolleces. Puede que me quiera más de lo que creo, igual lo que tengo con mi yo interior es una relación amor/odio como la de las películas. Esas que salen en las que los protagonistas se quieren a muerte, literalmente, ya que un día matarían por estar juntos y al día siguiente se tiran lámparas y cuadros y molinillos de café (lalalá...) a sus respectivas y amadas cabezas (con el consiguiente riesgo de muerte). Quizás yo y yo seamos así. Una mañana me levanto pletórica, irradiando alegría por las pupilas, me miro en el espejo e, incluso, me permito un "cacho perra que 'tás hecha joía, grrrr". El problema es, que de ese estado paso directamente a mirarme en el espejo de reojo por miedo a lo que vaya a encontrar, y no ver más allá de las ojeras, de los pelos de estropajo, las caderas demasiado marcadas, los pechos estriados, la piel con manchas rojas y moradas... Entonces me doy asco y lloro porque reconozco esa imagen... Es mi imagen podrida por la autodestrucción.
- Sin intención de ofender, creo que eres "un poquito" exagerada. Anda que no te gusta a tí ná convertirlo todo en una tragedia griega. Te faltan los asesinatos entre familiares y el sexo con hombres que vienen del cielo disfrazados de animales.
- Entonces será que no debí nacer tan tarde. Soy tan perezosa que tardé unos pocos siglos en decidirme a entrar en el útero de alguien. Será que debí nacer en la Grecia clásica, y haber sido una escritora de tragicomedias, y haber muerto durante la representación de mi gran papel, para darle más realismo, tú sabes. O quizás debí vivir los años 60-70, y andar todo el día fumada y ensetada, follándome a cualquiera que se ofreciera a escuchar mis penas. Volvemos a lo de antes.
- Olvida todo lo que hemos reflexionado hasta ahora. Imagina que estás frente a un espejo. Quítate el maquillaje, las ropas, y mírate a los ojos mientras te vas quitando también lo que te sobra en el alma. Quédate completamente desnuda, física y psicológicamente, y dime qué ves. Objetivamente, por favor.
- (...)
- Despréndete de la mierda que tienes en tu interior (no literalmente, por el arjé). Olvida tus recuerdos, olvida por un momento tus ilusiones, las personas a las que quieres y a las que odias, olvida quién eres. Y dime qué coño ves.
- (Sollozos)
- Deja de llorar de una puta vez y dime qué ves.
- Veo un cuerpo blancucho y delgado, como enfermizo. Aún así no es desagradable. Unos ojos llorosos y cargados, como de estar soportando demasiado desde hace tiempo. Una mirada profunda y sensible, que conmueve por lo terriblemente triste que parece. Veo confusión en su rostro, no sabe adónde se dirige, en el caso de que vaya a algún sitio. No es fea, aunque tampoco guapa. Creo que le da vergüenza desnudarse ante mí. Le avergüenza que la reconozca tal y como es. Completamente desnuda.
Banda sonora de mis reflexiones, en esta ocasión, cortesía de Bon Iver. Idónea para ponerse melancólico.

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